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Sin embargo, ello no debe hacernos olvidar que lo que se observaba en el resto de la Europa cristiana en la misma época era un antijudaísmo sin contemplaciones. Por otra parte, cuando por toda Europa comienzan a aparecer partidos políticos y leyes abiertamente antisemitas a partir de la subida al poder del nazismo, fueron bastantes los judíos que escaparon a la barbarie pasando por España. Al finalizar el siglo XIX, y al amparo de la tolerancia religiosa expresada en la Constitución, vuelve a existir una vida judía organizada en España, aunque sumamente débil e inarticulada. De los componentes de la primera oleada de judíos en instalarse en España durante la segunda mitad del siglo XIX (los procedentes de Marruecos, de Rusia y los hombres de negocios y representantes de casas mercantiles centroeuropeas) apenas queda huella perceptible en las comunidades actuales. Esta segunda mitad del siglo XIX es también la del surgimiento del antisemitismo en Europa, cuyas repercusiones se harán sentir igualmente en España. El antisemitismo se diferencia del antijudaísmo tradicional en que se basa en un prejuicio racial antes que religioso, en que se organiza políticamente y, sobre todo, en que posee una pretendida base científica. Se han ofrecido muchas claves para explicar el nacimiento del antisemitismo, pero según Hannah Arendt, las causas principales son dos: por una parte, las deficiencias en el proceso de emancipación judía, que en último extremo no había sido otra cosa que ir aumentando los privilegios de los que ya disfrutaban los judíos privilegiados. Por otra parte, está la identificación de los judíos con el poder, lo cual explicaría por qué los prejuicios antisemitas no son ni de izquierdas ni de derechas, ya que a los judíos se les identifica tanto con el capitalismo como con el comunismo.
De igual manera, los vínculos entre el antisemitismo y el nacionalismo son evidentes. En España también se vive esta evolución desde el antijudaísmo de tipo religioso hacia el antisemitismo moderno bajo la influencia de la extrema derecha, que puso el grito en el cielo a raíz de la iniciativa del gobierno de Sagasta que permitió la entrada en España a los judíos que huían de los pogromos rusos de 1881.
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